EL SILENCIO DE TOMAS
- Lina Alzate
- 7 jun 2025
- 1 min de lectura
Tomás era un niño que no hablaba. Desde que nació, no emitió una sola palabra. Su madre, Teresa, lo llevaba de médico en médico, pero todos decían lo mismo: “No hay nada físico. Quizás sea emocional. Quizás simplemente no quiere hablar.”
A pesar de su mutismo, Tomás era inteligente. Observador. Siempre con los ojos bien abiertos. No era un niño común. Su mirada ponía nerviosa a la gente, pero Teresa lo justificaba todo con amor de madre.
Una tarde, Teresa lo llevó a una nueva terapeuta, una mujer mayor y paciente, llamada Rebeca. Después de varias sesiones sin éxito, Rebeca propuso algo diferente: una sesión a solas con Tomás, sin la madre presente.
Teresa accedió, aunque con cierta incomodidad.
Pasaron los minutos… y la puerta no se abría. Teresa, ansiosa, golpeó. Nadie respondió.
Cuando finalmente logró entrar, encontró a Tomás sentado, sonriendo. Rebeca yacía en el suelo, ojos abiertos, sin vida.
En su pequeña libreta, Tomás había escrito por primera vez:
“Le dije que no debía hablarme. Pero insistió.”
Teresa, entre lágrimas, abrazó a su hijo. Lo defendió. “Fue un accidente”, dijo a la policía. “No sabe lo que hace. ¡Es solo un niño!”
La verdad es que Tomás entendía todo. Y ahora sabía que el silencio era su mejor arma.
By María García




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