EL RELOJ DEL PASILLO
- Lina Alzate
- 3 jun 2025
- 1 min de lectura
Laura vivía sola desde hacía dos años, en un pequeño departamento antiguo donde lo único que sonaba por las noches era el tic-tac del reloj del pasillo. Era un sonido familiar, casi tranquilizador.
Hasta que una noche, el reloj se detuvo.
A las 2:59 a. m., Laura se despertó de golpe. Todo estaba en silencio absoluto. Ni el refrigerador. Ni los autos en la calle. Nada. Solo un silencio denso, antinatural. Miró hacia la puerta de su habitación. Estaba abierta. Y en la penumbra del pasillo, vio algo.
No supo si era una figura o un reflejo. Pero tenía la forma de alguien... mirándola.
Parpadeó. Desapareció.
A la noche siguiente, el reloj volvió a andar, pero el sonido no era igual. Ahora el tic-tac se mezclaba con algo más. Un murmullo leve, acompasado con cada segundo. Como si el reloj repitiera palabras en un idioma sin sentido.
Laura grabó el sonido. Lo reprodujo varias veces. Solo al ponerlo al revés notó algo perturbador:—“No estás sola. No estás sola. No estás sola…”
Trató de deshacerse del reloj. Lo tiró a la basura. Al volver del trabajo, allí estaba, en su lugar de siempre, colgado, marcando las 2:59 A.M.
Desde entonces, Laura duerme con todas las luces encendidas. No porque el reloj le hable. Sino porque cuando las apaga… el tic-tac deja de venir del pasillo. Y empieza a sonar desde dentro de su cuarto.
By María García




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