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EL JUEGUETE NUEVO

  • Foto del escritor: Lina Alzate
    Lina Alzate
  • 3 jun 2025
  • 1 min de lectura

Sofía, de cinco años, encontró el muñeco una mañana en el parque. Estaba sentado en un columpio, con la cabeza ladeada y una sonrisa cosida en hilo negro. No tenía dueño a la vista.

—¿Puedo llevármelo? —preguntó a su madre.

No quiso decirle que el muñeco ya le había hablado.

Esa noche, mientras la madre lavaba los platos, escuchó la risa de Sofía proveniente del cuarto. Al asomarse, vio a su hija de espaldas, jugando. Pero había dos voces.

—¿Con quién hablas? —preguntó.

—Con él —respondió Sofía, sin girarse.

El muñeco estaba en el suelo, mirándola con ojos bordados que, por un segundo, parecieron moverse. Pero su madre no hizo caso a esto.

Al día siguiente, la niña tenía ojeras y arañazos en los brazos.

—Fue el juego. El muñeco quiere que juegue más fuerte.

La madre decidió tirarlo a la basura. Pero esa misma noche, lo encontró en el mismo lugar de siempre: al pie de la cama.

A la tercera noche, Sofía despertó gritando. Decía que el muñeco quería llevarla “con los otros niños”. Su madre, desesperada, quemó el juguete en el patio. Las llamas lo envolvieron… pero no se consumió. Solo lo escuchó reírse.

Sofía desapareció a la mañana siguiente. La policía buscó por toda la ciudad. Nunca encontraron señales de ella. Solo un objeto fue hallado en su cama: el muñeco, sonriendo, con un lazo rosa en el cuello.

Y cosido al pecho, un nombre nuevo en hilo rojo:

“Sofía”


By María García




 
 
 

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