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EL ESPEJO DE CLARA

  • Foto del escritor: Lina Alzate
    Lina Alzate
  • 3 jun 2025
  • 1 min de lectura

Clara compró un viejo espejo en una tienda de antigüedades. No sabía por qué lo eligió, solo que algo en él la llamó. Tenía un marco grueso, decorado con enredaderas doradas, y el vidrio era extrañamente nítido, como si no reflejara el presente, sino algo más.

Esa noche lo colgó en su salón, frente al sillón. Desde entonces, no pudo dejar de mirarlo. Al principio pensó que era simple fascinación, pero pronto notó pequeños cambios. Una sombra detrás de ella. Un gesto fuera de tiempo. Un leve movimiento que no coincidía con el suyo.

Día tras día, los detalles se hicieron más evidentes. Su reflejo comenzó a actuar por cuenta propia. Una sonrisa sin motivo. Un parpadeo que llegaba tarde. Y una noche, mientras ella permanecía inmóvil, lo vio levantarse del sillón y acercarse al vidrio.

—No puede ser —susurró, paralizada.

La Clara del otro lado alzó la mano y tocó el cristal. Ella no se movió, pero sintió el frío del contacto.

Intentó alejarse del espejo, cubrirlo, incluso sacarlo de casa, pero algo dentro de ella no la dejaba. Era como si estuviera atada. Cada noche, volvía a mirarlo. Cada noche, el reflejo la observaba con más intensidad.

Finalmente, en un ataque de desesperación, lo rompió. El sonido del vidrio estallando llenó la sala, como si hubiera liberado algo.

Pero cuando bajó la vista, vio su reflejo... aun sonriendo desde cada fragmento. En uno, se acercaba lentamente. En otro, la miraba desde un lugar que no reconocía.

Y entonces entendió. No lo había destruido. Solo lo había multiplicado.


By María García




 
 
 

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