EL CUERVO DEL OLVIDO
- Lina Alzate
- 3 jun 2025
- 2 min de lectura
El pueblo de Sevilla era conocido por su silencio. Aislado en las montañas, casi nadie se atrevía a visitarlo, excepto aquellos que buscaban algo más allá de la muerte. Hace años, en la iglesia de piedra, una extraña criatura había sido sellada en el altar, encerrada tras una puerta de hierro, y se rumoreaba que nunca debía ser liberada.
El joven Samuel, nuevo sacerdote del pueblo, ignoraba los susurros del pasado. Le dijeron que no se acercara a la iglesia vieja, pero no entendía por qué. Una noche, mientras realizaba su ronda habitual, el sonido de un cuervo lo llevó hasta la puerta sellada. Las alas del cuervo chocaron contra la puerta, y su canto, bajo y estridente, lo instó a abrirla.
Samuel, lleno de curiosidad y una extraña sensación de urgencia, rompió el sello y empujó la puerta. El aire de la iglesia cambió, se hizo espeso y frío. Dentro, vio algo que no pertenecía a este mundo: una criatura inmensa, con ojos profundamente oscuros, como pozos sin fondo. Su piel, blanca como la nieve, parecía derretirse y regarse como si fuera barro fresco. El cuervo volaba a su alrededor, guiando la sombra de la criatura hacia Samuel.
La criatura levantó su cabeza y, en un susurro gélido, dijo:
—Has liberado lo que nunca debió ver la luz.
Samuel intentó retroceder, pero sus pies no se movían. El cuervo se posó en su hombro, dejando una marca helada en su piel. Un terror profundo invadió su alma, y la criatura comenzó a arrastrarse hacia él, dejando una estela de polvo negro que se adhería a sus ojos, a su mente.
La última vez que se vio a Samuel, estaba parado frente al altar, con la mirada fija en la criatura, como si ya no fuera humano. Los aldeanos temían que hubiera sido poseído, pero lo peor fue lo que sucedió esa misma noche: el cuervo, ahora con alas extendidas, voló hacia el cielo, con una figura oculta entre sus plumas, observando desde la oscuridad.
En la iglesia de Sevilla, el tiempo parece haberse detenido, pero si prestas atención en la distancia, puedes escuchar al cuervo cantando en las noches más oscuras, y, si miras hacia la iglesia, podrías ver una silueta con ojos tan oscuros como la misma muerte.
By María García




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